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Alzar la voz y hacerse visibles
Las cuidadoras de enfermos mentales pusieron de manifiesto su dura labor
Isabel Lopera. Diari de Sabadell, 12-3-2009
Las madres, hijas y hermanas cuidadoras de personas con enfermedades mentales alzaron la voz en el Casal Pere Quart para poder de manifiesto la terrible y desesperante situación a la que deben hacer frente cada día.
La asociación de familiares Salut Mental Sabadell quiso rendir, un año más, un merecido homenaje a las mujeres que ejercen día y noche como cuidadoras de un familiar enfermo mental, unas auténticas heroínas invisibles que padecen en su piel no sólo los síntomas médicos de sus seres queridos sino también la incomprensión y el abandono por parte de la sociedad.
Una decena de estas madres, hermanas e hijas expusieron sus historias ante una sala de actos del Casal Pere Quart repleta de miradas cómplices y sabedoras de lo que este sufrimiento supone.
Todas ellas coincidieron en el hecho de haber tenido que hipotecar su vida y dedicarla al cuidado y bienestar de sus familiares enfermos. «Mantener un trabajo es difícil porque nunca sabes cuándo vas a tener que salir corriendo, porque vives en tensión», comenta la madre de una joven de 21 años con trastorno límite de la personalidad y drogodependiente. Su vida social y amistades son casi inexistentes «y no puedes llegar a plantearte una relación de pareja porque no puedes condenar a nadie a pasar por lo que estás pasando tú», añadía.
Las descompensaciones médicas de sus enfermos, su inestabilidad y las propias características de algunas patologías mentales les convierten en el blanco de todos sus insultos así como amenazas y agresiones físicas y verbales.
«Necesito distraerme porque no quiero ni deprimirme ni volverme loca», comenta la madre de Daniel, madre de un joven de 20 años psicótico y adicto a varias sustancias. Sin embargo, eso es precisamente lo más frecuente, ya que la mayoría de ellas, sufridoras de la enfermedad desde mucho antes de que ésta sea diagnosticada suelen necesitar tratamiento para la depresión o ansiedad, así como apoyo psicológico para no caer en la autoinculpación.
Aún así, el martes, todavía tuvieron fortaleza para explicar su caso ante los presentes en la conferencia, y comenzar así a vivir su propia vida. Ése es el caso de una joven de 25 años que perdió su infancia en el cuidado de su madre enferma bipolar, esquizofrénica y con trastorno de personalidad, quien la maltrató física y psicológicamente ante la inactividad de las administraciones y de la sociedad. Entre lágrimas, la joven, ahora embarazada de su segundo hijo, hizo alarde de sus ganas de superar un pasado desestructurado y comenzar a vivir de verdad.
Todas las ponentes señalaron con el dedo a las administraciones, a su descoordinación y la falta de recursos, como cómplices del calvario al que viven sometidos, y reclamaron que se ponga fin a «los vacíos legales que devuelven a nuestros familiares a casa cuando deberían ser ingresados » y les impiden incapacitarlos para actuar por ellos con responsabilidad.
«Que busquen soluciones, que los enfermos mentales dejen de ser enfermos de segunda, porque ellos y nosotros necesitamos una mejor calidad de vida», reclamó una madre angustiada.